La sospecha es más sombría que una hoguera muerta
y despoja silente mi evocación del
país de mis ancestros
cuando los halcones sacuden la noche con sus garras
y el loco delira en el descuido de las sombras
en un rincón donde la luz penetra en el altillo
e ilumina el rostro de Lucano
con el arrebato de una navaja que desdora su miseria.
Nos miramos con vergüenza en el momento
y no hay palabras ni dolores ante los ojos sucios
La condena es un ultraje al nómada que vuelve
y la calle huele aún a inmundicia al apagarse el día